12 lecciones que aprendí de las plantas
Lección 1: La preparación es todo. Si no empezamos con un buen sustrato, el cultivo no prosperará. Concentrémonos en cómo contribuir mejor al presente manteniendo nuestro sustrato fuerte y, a la larga, el futuro prosperará.
Lección 2: La clave es el equilibrio. Observemos la sabiduría que proporciona la naturaleza. Todo con moderación… luz solar, agua, nutrientes. El exceso de un buen elemento derribará nuestra estructura. Como el roble, busquemos el equilibrio en nuestro centro y todas las ramas de nuestra vida crecerán en armonía para sostener la estructura de nuestro ser.
Lección 3: La paciencia es una virtud. No se puede cosechar lo que no se siembra. Sembremos nuestros deseos, abonémoslos con gentileza y serán recompensados con abundancia. Sigamos nuestra intuición, permanezcamos quietos, seamos pacientes. El universo proveerá con una generosidad inimaginable.
Lección 4: Cultivemos la diversidad. Las plantas, al igual que las personas, poseen necesidades individuales. Si les imponemos nuestros deseos, violaremos sus verdaderas naturalezas y morirán. Aceptemos y alimentemos su individualidad y nuestro apoyo las nutrirá. Aceptemos y nutramos la individualidad en nosotros mismos y en los demás y obtendremos una abundante cosecha de talentos.
Lección 5: A veces menos es más. Podemos y cortemos el exceso y nuestras plantas florecerán. Por más doloroso que sea, cuando la vida comience a crecer desenfrenadamente en todas las direcciones, tomemos tijeras y recortemos lo que priva a nuestro espíritu del crecimiento esencial.
Lección 6: Los trasplantes llevan tiempo. Echar raíces en un lugar nuevo puede parecer amenazante para nuestra supervivencia. Pero con el tiempo suele darnos más espacio para desarrollarnos. Somos robustos y adaptables como las plantas. Realicemos los trasplantes necesarios en nuestra vida y confiemos en nuestra aptitud innata para prosperar.
Lección 7: No permanezcamos demasiado tiempo en un mismo lugar. Si año tras año sembramos las mismas hortalizas en el mismo lugar y no rotamos los cultivos, la cosecha reflejará nuestro error. Apartémonos de las circunstancias que ya no nos nutran. Rodeemos nuestra vida de pensamientos frescos, desafíos nuevos, relaciones fértiles y conocimientos nuevos. De lo contrario, nuestro crecimiento se estancará.
Lección 8: Eliminemos los parásitos. A muchos especímenes les gusta vivir de nuestras plantas. Si no los controlamos, cosechas enteras podrían arruinarse. Examinemos nuestra vida y detectemos qué relaciones están alimentándose de nuestra energía y arrebatando lo nuestro para darlo a otros.
Lección 9: Apoyemos lo que amamos. Cuando a las tomateras les ponemos tutores y les atamos una soga alrededor, florecen hacia el cielo. Cuando las personas que amamos estén luchando, no intentemos controlar su destino. Proporcionémosles algo en qué apoyarse. Si están destinadas a florecer lo harán por sí mismas.
Lección 10: Respetemos el ciclo vital reflejado en la cosecha. Aprendamos a reconocer cuándo es tiempo de cosechar y cuándo de reinvertir para los cultivos del año siguiente. Del mismo modo que en la vida es importante tomar y dar.
Lección 11: Apreciemos el crecimiento invernal. Cuando parezca que nada crece en el invierno, la tierra está de hecho recobrando su energía, descomponiendo cultivos y materia orgánica para la próxima temporada. El crecimiento máximo ocurre en las circunstancias más duras. Ahondemos en lo más profundo de nuestro ser para aprender las lecciones de los tiempos más fríos y dolorosos. En ellos yace nuestro mayor potencial para la transformación.
Lección 12: Aprendamos a valorar el silencio. Cuando no hay distracciones en el huerto reina la paz. Tomémonos tiempo para estar en silencio. Sólo cuando somos capaces de experimentar el momento, es cuando vivimos la vida de verdad.
De Vivian Elisabethe Glyck, autora de El jardín de la vida
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